Las vacaciones son para el ocio. Aunque con esto de la crisis tengo más ocio del que es conveniente. ¿Entrenas a tu cerebro cuando estás de vacaciones? Me preguntaron el otro día en una charla. Mi respuesta inmediata fue: "No". Con la coherencia que caracteriza la realidad respondí un poco más tarde: "Bueno, sí". Mi interlocutor puso cara de "¿en qué quedamos?" Creo que las vacaciones están para hacer cosas distintas. A pesar de que me gusta mucho mi trabajo. En verano hay otro ritmo -siesta incluida- otras conversaciones con amigos y clientes...
Ver la exposición de Turner me resultó impactante. Sobre todo un estudio pequeño sobre la luz de la luna. Me pareció atrevido, irreal y realista a la vez. Ganaba cuando cambiabas de perspectiva. Que gozo para la vista y, por lo tanto, para el cerebro.
Confieso que escuchar un requiem me relaja. Siempre he pensado que es una faena que en tu funeral no puedas escuchar una música que parece escrita para dar consuelo. Me encanta el de Cristóbal de Morales, por ejemplo. Creo que es un bálsamo para el cerebro dejarte llevar por esos paisajes emocionales que crea la música.
Al bañarme en el mar, uno que vive en Guadalajara y no sabe lo que es un remo, noto la sal limpiando la piel, la arena en los pies, el sol. Creo que mi cerebro percibe muchas sensaciones a las que tiene acceso de vez en cuando. Y me envía a la infancia y a un paisaje surrealista como el que aparece en ciertos sueños.
Al tomar una comida atrevida y sabia, en La Tasquita de Enfrente, las endorfinas se disparan y me parece ver el cerebro iluminado y lleno de carcajadas como un niño. Por no hablar de la líbido.
Rodeado de árboles y oxígeno, advirtiendo los matices de un mismo color, los juegos de sombras y luces. Me siento perdido entre tanta naturaleza. Siento olores antiguos y mi olfato reclama su presencia.
Cuando miro a mi mujer con ojos nuevos, consciente de que la admiro y de que mi mano la desea. Una sonrisa viene a mi cara y me hace más guapo... aunque la culpa es de ella.
En fin que de dar vacaciones al cerebro ni hablar. Le damos vacaciones cuando nos empeñamos en hacer todos los días lo mismo, en no dar una posibilidad a otras formas, una cierta sorpresa, cuando no me quito la máscara. Ahí sí que estoy dando vacaciones a mi cerebro. En el sentido más oscuro y perverso de la palabra.
Que tengamos unas buenas vacaciones. Besos y abrazos.
domingo, 18 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
DECÁLOGO DEL CEREBRO EN LA EMPRESA 3.
Voy a terminar este decálogo que con los calores de junio no dan ganas de escribir nada. Que mi amigo pueda dormir tranquilo.
7. Cuide la comunicación a los dos hemisferios. Cuando la empresa o un mando hacen cualquier tipo de comunicación a un grupo deben de tener en clave la dominancia cerebral. Muchos mensajes se lanzan sólo en clave numérica, apta para los hemisferios izquierdos pero imposible para los hemisferios derechos. Otros mensajes se centran en los ejemplos e historias y les sucede lo contrario. Los mensajes hay que enviarlos en diversas claves y dos de ellas son las dominancias cerebrales.
8. Si quiere I+D+i necesita del hemisferio derecho. La manía de jefes y seleccionadores de buscar colaboradores clónicos es agotadora. Se crean departamentos tan homogéneos que ya sabes cuáles son los aciertos y errores de todos sus colaboradores... y la perspectiva única con la que van a mirar todos los temas.
Muchas empresas quieren fomentar la I+D+i y se encuentran que desde el hemisferio izquierdo se puede innovar pero rara vez romper los esquemas y sorprender con algo muy novedoso. Si no cuentas con hemisferios derechos tus planteamientos serán correctos... pero sólo eso. La creatividad sale del desorden y del conocimiento "inútil". ¿Lo está fomentando en su organización?
9. Facilite el entrenamiento cerebral. Hacen falta cursos sobre metodología, sobre la aplicación del cerebro a la creatividad, al mando, a la negociación, a la venta. Estamos perdiendo una gran cantidad de recursos por empeñarnos en negar la neurocultura. No tenga miedo a ese tipo de cursos. Tendría éxito asegurado.
y 10. Prescindir de los mayores es prescindir de la sabiduría. Me asombra cómo las empresas prescinden de personas de más de cincuenta y cinco años con esa alegría. A la calle, a vivir del estado. Cuando están en condiciones de hacer grandes aportaciones por su conocimiento de la organización, por su falta de aspiraciones a puestos mayores, por su falta de miedo... Todos fuera. Y se dan situaciones de empresas que se han quedado amnésicas de su propia historia y de parte de su tecnología. Viva la estupidez.
Y aquí termina este decálogo veraniego. Ojalá podáis aplicar algunas de las ideas.
Besos y abrazos.
7. Cuide la comunicación a los dos hemisferios. Cuando la empresa o un mando hacen cualquier tipo de comunicación a un grupo deben de tener en clave la dominancia cerebral. Muchos mensajes se lanzan sólo en clave numérica, apta para los hemisferios izquierdos pero imposible para los hemisferios derechos. Otros mensajes se centran en los ejemplos e historias y les sucede lo contrario. Los mensajes hay que enviarlos en diversas claves y dos de ellas son las dominancias cerebrales.
8. Si quiere I+D+i necesita del hemisferio derecho. La manía de jefes y seleccionadores de buscar colaboradores clónicos es agotadora. Se crean departamentos tan homogéneos que ya sabes cuáles son los aciertos y errores de todos sus colaboradores... y la perspectiva única con la que van a mirar todos los temas.
Muchas empresas quieren fomentar la I+D+i y se encuentran que desde el hemisferio izquierdo se puede innovar pero rara vez romper los esquemas y sorprender con algo muy novedoso. Si no cuentas con hemisferios derechos tus planteamientos serán correctos... pero sólo eso. La creatividad sale del desorden y del conocimiento "inútil". ¿Lo está fomentando en su organización?
9. Facilite el entrenamiento cerebral. Hacen falta cursos sobre metodología, sobre la aplicación del cerebro a la creatividad, al mando, a la negociación, a la venta. Estamos perdiendo una gran cantidad de recursos por empeñarnos en negar la neurocultura. No tenga miedo a ese tipo de cursos. Tendría éxito asegurado.
y 10. Prescindir de los mayores es prescindir de la sabiduría. Me asombra cómo las empresas prescinden de personas de más de cincuenta y cinco años con esa alegría. A la calle, a vivir del estado. Cuando están en condiciones de hacer grandes aportaciones por su conocimiento de la organización, por su falta de aspiraciones a puestos mayores, por su falta de miedo... Todos fuera. Y se dan situaciones de empresas que se han quedado amnésicas de su propia historia y de parte de su tecnología. Viva la estupidez.
Y aquí termina este decálogo veraniego. Ojalá podáis aplicar algunas de las ideas.
Besos y abrazos.
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domingo, 27 de junio de 2010
DECÁLOGO DEL CEREBRO EN LA EMPRESA 2.
Mi amigo me sigue apremiando para que continúe el decálogo. Me temo que no tiene mucho éxito. El fin de curso, cuando tienes tres hijos, se llena de actividades a las que asistir... si no quieres que le las echen en cara en el lecho de tu muerte. Así que en pequeños huecos sigo reflexionando sobre la manera de introducir el funcionamiento del cerebro en las organizaciones. Empresas incluidas, claro.
4. Dar las órdenes teniendo en cuenta la dominancia cerebral de nuestro interlocutor. Tendemos a comentar lo que hay que hacer en nuestra propia dominancia cerebral... por eso es dominancia, claro. Pero lo lógico es identificar la dominancia de nuestro interlocutor y comentar la orden en un ochenta por ciento en la dominancia contraria. La razón es que la persona que recibe la orden la gestionará desde su propia dominancia y le costará ver la contraria. Si hablo con una persona cuya dominancia es el hemisferio derecho, tendré que decirle que tenga cuidado con los detalles, porque su cerebro no los tiene en cuenta.
5. Disminuya al mínimo los "raptos amigdalíticos", es decir, para entendernos, los "cabreos monumentales". Ante una amenaza podemos reaccionar "subiéndonos por las paredes" gracias a la adrenalina que nos proporcionan las amígdalas. Pero los hemisferios frontales tiene la labor de calmar y racionalizar las situaciones. No salte disparado. Espere. Deje que la energía cerebral llegue al neocortex. Anticipe lo que puede ir mal y actúe antes de que su sangre se cargue de adrenalina.
Piense que los enfados hacen que su gente se mueva en clave de supervivencia y actúen desde la zona límbica. Además el jefe que chilla queda etiquetado como un energúmeno. Y es que lo es.
6. Ayude a los jefes más jóvenes. El cerebro se acaba de formar a los veinticinco años. Los lóbulos frontales son los últimos que se forman y controlan la empatía y las reacciones límbicas de nuestro cerebro. Un jefe joven tiene dificultades para medir los impactos de sus palabras. Le cuesta entender que la gente piense desde otros postulados y tener razón. Ponga un coach a aquellos jefes que sólo lleven seis meses o un año mandando. Se ahorrará grandes disgustos.
Nos quedan cuatro consejos más. Mi amigo tendrá que seguir esperando.
Besos y abrazos
4. Dar las órdenes teniendo en cuenta la dominancia cerebral de nuestro interlocutor. Tendemos a comentar lo que hay que hacer en nuestra propia dominancia cerebral... por eso es dominancia, claro. Pero lo lógico es identificar la dominancia de nuestro interlocutor y comentar la orden en un ochenta por ciento en la dominancia contraria. La razón es que la persona que recibe la orden la gestionará desde su propia dominancia y le costará ver la contraria. Si hablo con una persona cuya dominancia es el hemisferio derecho, tendré que decirle que tenga cuidado con los detalles, porque su cerebro no los tiene en cuenta.
5. Disminuya al mínimo los "raptos amigdalíticos", es decir, para entendernos, los "cabreos monumentales". Ante una amenaza podemos reaccionar "subiéndonos por las paredes" gracias a la adrenalina que nos proporcionan las amígdalas. Pero los hemisferios frontales tiene la labor de calmar y racionalizar las situaciones. No salte disparado. Espere. Deje que la energía cerebral llegue al neocortex. Anticipe lo que puede ir mal y actúe antes de que su sangre se cargue de adrenalina.
Piense que los enfados hacen que su gente se mueva en clave de supervivencia y actúen desde la zona límbica. Además el jefe que chilla queda etiquetado como un energúmeno. Y es que lo es.
6. Ayude a los jefes más jóvenes. El cerebro se acaba de formar a los veinticinco años. Los lóbulos frontales son los últimos que se forman y controlan la empatía y las reacciones límbicas de nuestro cerebro. Un jefe joven tiene dificultades para medir los impactos de sus palabras. Le cuesta entender que la gente piense desde otros postulados y tener razón. Ponga un coach a aquellos jefes que sólo lleven seis meses o un año mandando. Se ahorrará grandes disgustos.
Nos quedan cuatro consejos más. Mi amigo tendrá que seguir esperando.
Besos y abrazos
sábado, 12 de junio de 2010
DECÁLOGO DEL CEREBRO EN LA EMPRESA 1.
Me apremia un buen amigo para que escriba un artículo con un decálogo sobre cómo "implantar el cerebro en las empresas", según sus propias palabras. Evidentemente el primer pensamiento que viene a mi hemisferio derecho es que esto supone que el cerebro no está implantado en las empresas. Supongo que sí lo está, aunque la crisis nos deje sin respuestas.
Voy a hacer el decálogo que aparecerá en tres entregas a lo largo de junio... supongo. "El hombre hace planes y Dios se ríe"
1. Destierre el miedo de las empresas. Esos jefes que creen que el miedo es la mejor herramienta de management (¿creerán que management viene de dar con la mano?) provocan una empresa límbica. Empresas cuyas personas reaccionan desde el miedo y, por lo tanto, sólo atacan o huyen. Cuando existe un problema en este tipo de empresas el objetivo es... echar la culpa a otros. Cuando existe un problema en una empresa cortical el objetivo es... cómo vamos a solucionar este problema. Haga que su empresa utilice el neocortex y los resultados serán asombrosos.
2. Averigüe la dominancia cerebral de su empresa. Hay empresas formadas por personas de una sola dominancia cerebral (en un porcentaje muy alto). Son empresas de una sola perspectiva. Con unas visiones muy restringidas de la vida (y de sus clientes, claro). Da igual la dominancia, cuando es hegemónica siempre nos dará problemas.
3. Haga equipos heterogéneos. Es una consecuencia del punto anterior. Desde el Comité de Dirección al último equipo de su empresa debe procurar que los equipos gocen de las dos dominancias. Que sean capaces de tener varias perspectivas de un mismo tema. Eso aumenta los recursos de los equipos y el entendimiento entre las direcciones y departamentos. La ausencia de este entendimiento es una de las peores y más frecuentes enfermedades de nuestras organizaciones.
Seguimos otros día.
Besos y abrazos
Voy a hacer el decálogo que aparecerá en tres entregas a lo largo de junio... supongo. "El hombre hace planes y Dios se ríe"
1. Destierre el miedo de las empresas. Esos jefes que creen que el miedo es la mejor herramienta de management (¿creerán que management viene de dar con la mano?) provocan una empresa límbica. Empresas cuyas personas reaccionan desde el miedo y, por lo tanto, sólo atacan o huyen. Cuando existe un problema en este tipo de empresas el objetivo es... echar la culpa a otros. Cuando existe un problema en una empresa cortical el objetivo es... cómo vamos a solucionar este problema. Haga que su empresa utilice el neocortex y los resultados serán asombrosos.
2. Averigüe la dominancia cerebral de su empresa. Hay empresas formadas por personas de una sola dominancia cerebral (en un porcentaje muy alto). Son empresas de una sola perspectiva. Con unas visiones muy restringidas de la vida (y de sus clientes, claro). Da igual la dominancia, cuando es hegemónica siempre nos dará problemas.
3. Haga equipos heterogéneos. Es una consecuencia del punto anterior. Desde el Comité de Dirección al último equipo de su empresa debe procurar que los equipos gocen de las dos dominancias. Que sean capaces de tener varias perspectivas de un mismo tema. Eso aumenta los recursos de los equipos y el entendimiento entre las direcciones y departamentos. La ausencia de este entendimiento es una de las peores y más frecuentes enfermedades de nuestras organizaciones.
Seguimos otros día.
Besos y abrazos
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martes, 1 de junio de 2010
CEREBRO CONTRA INNOVACIÓN
Comentamos mucho lo bien que se le dan al cerebro la creatividad y la innovación, pero tendemos a olvidar que algunos órganos cerebrales no facilitan las nuevas ideas. No me refiero al cerebro izquierdo con el que me meto con demasiada frecuencia, si no a las amígdalas y al hipocampo.
A las amígdalas les da por activarse en cuanto descubren algo nuevo. Es su función. Llenan el cerebro límbico de adrenalina y nos dejan dispuestos para pasar a la acción, sea un ataque o una huida. Por lo tanto las ideas nuevas suelen ser recibidas como si de un ataque se tratara. Un ataque a la identidad del que recibe una idea nueva. Supongamos que es usted experto en una versión de un programa que utiliza a diario en su trabajo. Un cambio de programa puede dejarle a cero. Ya no es un experto, ahora es un aprendiz. ¿Por qué creemos que eso debería gustarle a nuestras amígdalas?
El hipocampo, entre sus muchas funciones, tiene la de eliminar la información incoherente. La elimina enviándola a la memoria inmediata desde la que marcha al olvido. Pero es que una idea nueva es una idea incoherente, con lo que el cerebro la retiene lo mínimo indispensable. A veces las ideas innovadoras son muy sencillas y se las despacha con: "eso es una obviedad". Otra manera de eliminarlas.
El problema es que ambos órganos pertenecen a los corredores más rápidos del cerebro así que las ideas innovadoras mueren antes de que el neocortex pueda musitar un "¿por qué no?"
Besos y abrazos
A las amígdalas les da por activarse en cuanto descubren algo nuevo. Es su función. Llenan el cerebro límbico de adrenalina y nos dejan dispuestos para pasar a la acción, sea un ataque o una huida. Por lo tanto las ideas nuevas suelen ser recibidas como si de un ataque se tratara. Un ataque a la identidad del que recibe una idea nueva. Supongamos que es usted experto en una versión de un programa que utiliza a diario en su trabajo. Un cambio de programa puede dejarle a cero. Ya no es un experto, ahora es un aprendiz. ¿Por qué creemos que eso debería gustarle a nuestras amígdalas?
El hipocampo, entre sus muchas funciones, tiene la de eliminar la información incoherente. La elimina enviándola a la memoria inmediata desde la que marcha al olvido. Pero es que una idea nueva es una idea incoherente, con lo que el cerebro la retiene lo mínimo indispensable. A veces las ideas innovadoras son muy sencillas y se las despacha con: "eso es una obviedad". Otra manera de eliminarlas.
El problema es que ambos órganos pertenecen a los corredores más rápidos del cerebro así que las ideas innovadoras mueren antes de que el neocortex pueda musitar un "¿por qué no?"
Besos y abrazos
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sábado, 15 de mayo de 2010
DOMINANCIA PERO NO TOTAL
Creo que una de las resistencias es el concepto binario que se tiene sobre la dominancia. El que un hemisferio domine sobre el otro no significa que el último quede anulado. De hecho podemos ser muy buenos en alguna habilidad del hemisferio menos dominante. Pero en ese hemisferio tenemos nuestras grandes debilidades.
Algunos neurólogos comentan que no merece la pena desarrollar nuestras peores habilidades cerebrales porque tendremos que hacer mucho esfuerzo y el resultado será pobre y efímero. Siempre he pensado que el alivio de mejorar un poco merece la pena para tí y los que están a tu alrededor. Los neurólogos comentan que debes evitar tus puntos malos y apoyarte en los fuertes. No hay ningún problema en eso.
Tal vez deberíamos hablar de tres niveles de dominio: dominancia, secundario y negación. El hemisferio desde el que actúo y pienso con naturalidad, el que uso cuando las cosas fallan y el que no soy capaz de usar aunque quiera. Pero pensando en habilidades cerebrales y no en los hemisferios en global.
Besos y abrazos.
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sábado, 1 de mayo de 2010
LA EMPRESA COMO CEREBRO
Imaginar un hombre detenido en medio de una calle. Hace movimientos rígidos, espasmódicos, trata de girar en una dirección, luego en otra, luego le cuesta levantarse, parece confuso...Así se comportan las empresas cuando un departamento tiene una idea y los demás ponen pegas hasta que la idea es abandonada. Cuando un directivo marca una directriz y el resto de la empresa va a su aire. Cuando a alguien se le ocurre una mejora pero nadie le hace caso porque su departamento no es importante. Cuando me preguntan si la empresa es como un cerebro enseguida digo que no: que es un conjunto de cerebros con mucho ego. La metáfora no es desdeñable pero conviene profundizar un poco en ella.
Peter Sengue creó la expresión "empresa inteligente" ("learning organization") (viva la traducción). Sengue es un optimista, lean sus libros, son fabulosos. Pero creo que las empresas están en una fase previa. Para aprender es necesario desaprender y parece que muchas empresas no están por la labor. No hay más que pensar en las fiestas de los cretiinos que han mandado a millones de personas a la miseria y a la desesperación y que este año vuelven a repetir. Muchas empresas no aprenden si no que están orgullosas de lo burros que son. ¿Qué hace falta para que aprendan?
Pero no quiero hablar de este tema tan doloroso si no de los paralelismos entre empresa y cerebro. Cuando me lo preguntan en las charlas se refieren a la dominancia. "Hay empresas de dominancia izquierda y de dominancia derecha. Las auditorias y las ingenierías, por ejemplo, son de dominancia izquierda. Las de publicidad y eventos son de dominancia derecha". Por eso suelo responder que no. Que las empresas sólo salen adelante cuando usan ambos cerebros, cuando sus actores principales hacen tandem de cerebros. Sin los dos cerebros bien distribuidos por toda la empresa es imposible.
En qué sentido se debería parecer una empresa a un cerebro. En las rutas cerebrales. Desde hace poco se sabe que la ruta cerebral para recordar y la de imaginar es la misma, pasan por los mismos órganos del cerebro... pero por distinto orden. (Pueden leerlo en el últumo libro de Punset, como siempre magnífico).
Las empresas deberían tener rutas para la calidad, la seguridad, la creatividad... Pero al igual que en el cerebro humano esas rutas no son de sabotaje, si no para llevar a cabo su cometido. Un avez más la pregunta no es "¿POR QUÉ? sino ¿POR QUÉ NO?"
Si las empresas no piensan así, se quedarán como nuestro honbre del principio. Con movimientos espasmódicos y confusión.
Besos y abrazos
Peter Sengue creó la expresión "empresa inteligente" ("learning organization") (viva la traducción). Sengue es un optimista, lean sus libros, son fabulosos. Pero creo que las empresas están en una fase previa. Para aprender es necesario desaprender y parece que muchas empresas no están por la labor. No hay más que pensar en las fiestas de los cretiinos que han mandado a millones de personas a la miseria y a la desesperación y que este año vuelven a repetir. Muchas empresas no aprenden si no que están orgullosas de lo burros que son. ¿Qué hace falta para que aprendan?
Pero no quiero hablar de este tema tan doloroso si no de los paralelismos entre empresa y cerebro. Cuando me lo preguntan en las charlas se refieren a la dominancia. "Hay empresas de dominancia izquierda y de dominancia derecha. Las auditorias y las ingenierías, por ejemplo, son de dominancia izquierda. Las de publicidad y eventos son de dominancia derecha". Por eso suelo responder que no. Que las empresas sólo salen adelante cuando usan ambos cerebros, cuando sus actores principales hacen tandem de cerebros. Sin los dos cerebros bien distribuidos por toda la empresa es imposible.
En qué sentido se debería parecer una empresa a un cerebro. En las rutas cerebrales. Desde hace poco se sabe que la ruta cerebral para recordar y la de imaginar es la misma, pasan por los mismos órganos del cerebro... pero por distinto orden. (Pueden leerlo en el últumo libro de Punset, como siempre magnífico).
Las empresas deberían tener rutas para la calidad, la seguridad, la creatividad... Pero al igual que en el cerebro humano esas rutas no son de sabotaje, si no para llevar a cabo su cometido. Un avez más la pregunta no es "¿POR QUÉ? sino ¿POR QUÉ NO?"
Si las empresas no piensan así, se quedarán como nuestro honbre del principio. Con movimientos espasmódicos y confusión.
Besos y abrazos
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