domingo, 4 de septiembre de 2016

ATAQUES CONTRA ELOGIOS

Si te pregunto por un elogio de un jefe o jefa, de hace siete años. ¿Te acordarías de manera concreta? Salvo raras excepciones la respuesta será no. Pero si te pregunto por una bronca que te echaron, a lo peor delante de tus compañeros, hace siete años, o más... ¿Te acordarías de manera concreta? Creo que te acordarías con "pelos y señales". A mi, por lo menos me pasa.

Esta experiencia que es muy común, tiene una explicación cerebral (además de que tu superior jerárquico es de "amígdala fácil"). Según el Dr. Burnett un elogio provoca segregación de oxitocina, que se mantiene en sangre unos cinco minutos. Por el contrario, un ataque, una bronca, provoca que segreguemos cortisol que se mantendrá en la sangre unas dos horas. Pudiendo memorizarse y, además, cada vez que recordemos la bronca volveremos a empaparnos de cortisol (que, por si fuera poco, aumenta la glucosa).

Parece claro que es más fácil desmotivar que motivar. Un enfado, por muy justo que sea, deja una huella de humillación, difícil de borrar. Como jefe, líder, o lo que sea, debo de ser mucho más generoso con los elogios que con los ataques; si quiero que el cerebro del otro tenga alguna oportunidad de motivarse.

Bueno, como escuché a un participante en uno de mis cursos: "Un minuto para meter la pata, toda la vida para sacarla". Pues eso.
Besos y abrazos.