Esa fue la pregunta que me hicieron después de una charla sobre neuromanagement: "¿Dónde está el cerebro de las organizaciones?" Se me ocurrieron varias respuestas, pero ninguna adecuada al contexto. Me puse en plan "informático": "Defina cerebro". Al final llegué a la conclusión de que el cerebro de una organización es "lo que hace que la organización aprenda". La primera reacción es pensar en los CRM, big data, o los gabinetes de estudios que producen estudios muy interesantes que ayudan a tomar decisiones... Pero me parecía que eso respondía a quién estudia, no a quién o cómo se aprende en las organizaciones.
Así que empecé al revés. ¿Qué impide que se aprenda en las organizaciones? Eso es más fácil de responder. El uso indiscriminado del poder. Como diría Eduardo Punsset: "la utilización abyecta del poder". El poder por el mero hecho de causar miedo y, por lo tanto, obediencia ciega. El control desmedido, que sería una faceta del mal uso del poder. La ausencia de creatividad, la eliminación de ideas nuevas. Y, tomando una perspectiva más alejada, la ausencia de participación. Y, pero no necesariamente el último de esta lista provisional, la fe ciega en la tecnología, en la digitalización. Si todos los problemas se arreglan con digitalización qué hacemos los demás. El desprecio del "otro", del "diferente"....
Como me comentó el empleado de una gran empresa: "Eso aquí no se da, aunque sea frecuente".
Entonces cómo se aprende. Estoy seguro que un papel clave son las interacciones de las personas que "trabajan" en las organizaciones. Empleados, ejecutivos, técnicos, directivos, clientes, proveedores, accionistas, grupos de interés... Es en la comunicación entre las personas y los colectivos donde se absorbe y genera nueva información. La empresa que reduzca al mínimo las interacciones entre las personas estará en manos de el software, los modelos y los protocolos. Y no aprenderá casi nada.
Besos y abrazos.
Mostrando entradas con la etiqueta MIEDO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MIEDO. Mostrar todas las entradas
lunes, 19 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2011
NUEVO CURSO Y MÁS MIEDO
Después de unos días en Nigrán, de bañarnos en las Islas Cíes (más de un cuarto de hora), de pasear y comer bien toca reintegrarse al trabajo. Un amigo me pasa un artículo sobre la mala educación de muchas personas en el trabajo, lo comentamos con un café delante, sin prisas, sin interrumpirnos... es verano. La vuelta al trabajo, para el que lo tiene o se lo inventa (como es el caso de los consultores) es una bendición y una maldición. Hemos pasado un verano angustioso con la economía del capital a punto de quebrarse y leyendo todo tipo de periódicos a ver por dónde salíamos. La sensación va más allá de cómo me quiero tomar lo que está sucediendo. Algunas cosas deberían de cambiar si queremos poder seguir disfrutando de la vida.
En los trabajos encontramos a las personas sobrecargadas y con mucho miedo. La frase más habitual es: "Chico lo estamos pasando fatal. No sé qué va a suceder". Es el mundo del miedo. Puede ser que haya razones para tener miedo pero el pánico rara vez ayuda.Cuando el ambiente rebosa miedo es el paraíso de los psicópatas. Sin la prudencia más elemental se dedican a tensar las cuerdas y a aterrorizar a las personas de su entorno. Tienen el campo abonado para su cosecha próxima.
Pero no podemos olvidar que a esa sensación de miedo tenemos que ponerle un límite. El cerebro asustado trabaja en clave de atacar y huir. Lo que todavía enrarece más el ambiente. No puedo solucionar problemas, estoy dedicado a sobrevivir. No puedo pensar en hacer negocio, estoy centrado en hacer pensar a otros que soy un enemigo difícil de batir. Y nuestro cerebro está muy bien entrenado para moverse en ese ambiente.
Sin un entorno de seguridad razonable el cerebro no dará sus mejores frutos. La creatividad necesita otras preocupaciones que no sean las de supervivencia.
A ver si nos dedicamos a rebajar esta sensación de miedo. Por nuestro propio bien.
Besos y abrazos
En los trabajos encontramos a las personas sobrecargadas y con mucho miedo. La frase más habitual es: "Chico lo estamos pasando fatal. No sé qué va a suceder". Es el mundo del miedo. Puede ser que haya razones para tener miedo pero el pánico rara vez ayuda.Cuando el ambiente rebosa miedo es el paraíso de los psicópatas. Sin la prudencia más elemental se dedican a tensar las cuerdas y a aterrorizar a las personas de su entorno. Tienen el campo abonado para su cosecha próxima.
Pero no podemos olvidar que a esa sensación de miedo tenemos que ponerle un límite. El cerebro asustado trabaja en clave de atacar y huir. Lo que todavía enrarece más el ambiente. No puedo solucionar problemas, estoy dedicado a sobrevivir. No puedo pensar en hacer negocio, estoy centrado en hacer pensar a otros que soy un enemigo difícil de batir. Y nuestro cerebro está muy bien entrenado para moverse en ese ambiente.
Sin un entorno de seguridad razonable el cerebro no dará sus mejores frutos. La creatividad necesita otras preocupaciones que no sean las de supervivencia.
A ver si nos dedicamos a rebajar esta sensación de miedo. Por nuestro propio bien.
Besos y abrazos
Etiquetas:
Creatividad,
Islas Cíes,
MIEDO,
Psicópatas,
verano
domingo, 24 de octubre de 2010
MIEDO Y CEREBRO
Acabo de pasar unas pocas horas con un amigo que ha tenido un ataque de estrés. Está en tratamiento, de baja, en su casa y con miedo a que se le dispare de nuevo todo el problema que le hizo perder el conocimiento y su seguridad en sí mismo.
He ido como amigo de él que es lo que soy. No coach, ni aficionado al cerebro, ni consultor... pero sí lector de libros. Hablé con él por teléfono. "¿Ya puedes recibir visitas?" "Sí, pero no me hables del cerebro". Cada vez me rebelo más contra esa afirmación de que somos nuestro cerebro. Es decir, que sólo somos nuestro cerebro. Mi licenciatura es de Psicología Social... así que no me he tirado cinco años estudiando nada. Pero es cierto que no es fácil una conversación, sobre todo si nos dedicamos a hablar del estrés, en la que no aparezca el cerebro. Como sabe que soy un lector empedernido me provocó. Así que estuvimos hablando de de los libros que he leído últimamente. Omitiendo algunos sobre el cerebro. Así que del último de Damasio ni hablar.
Pero al final me habló de un tema que creo que es muy importante: "el miedo". Estuvimos hablando de la inmensa cantidad de miedos que pueden existir y que nos podemos fabricar. A él no le puede decir nada pero nuestro cerebro de homosapiens pelín evolucionado lleva fatal lo de los miedos... irreales. Como decía Mark Twain (más o menos): He sufrido mucho con cosas que no me han sucedido nunca.
Nuestro cerebro fabrica miedos (buena es la imaginación) que limitan nuestras respuestas racionales, corticales o como quieras llamarlas. El mando pasa al sistema límbico, mucho más rápido pero mucho más limitado en sus respuestas. El cuerpo se empapa de adrenalina cada vez que recuerda un miedo que pertenece al pasado o que, incluso, no nos sucedió. El miedo nos envuelve y nos inutiliza.
No me atreví a decirle a mi amigo que hiciera algunos ejercicios de meditación. Soy un forofo de la meditación pero sé que a cada uno le sienta de una manera. Cuando esté más seguro le animaré a que aprenda a callar a su cerebro, o lo que es lo mismo, aprenda algo de meditación.
Mientras tanto le regalé un libro de uno de mis autores favoritos: Nathaniel Branden , "Los Seis Pilares de la Autoestima". Algún día tendré que pensar cómo le sientan al cerebro los ejercicios de Branden. Por cierto, no hace falta que te de un telele (casi pongo pelele) para que leas a Branden, siempre sienta bien.
Besos y abrazos
sábado, 12 de junio de 2010
DECÁLOGO DEL CEREBRO EN LA EMPRESA 1.
Me apremia un buen amigo para que escriba un artículo con un decálogo sobre cómo "implantar el cerebro en las empresas", según sus propias palabras. Evidentemente el primer pensamiento que viene a mi hemisferio derecho es que esto supone que el cerebro no está implantado en las empresas. Supongo que sí lo está, aunque la crisis nos deje sin respuestas.
Voy a hacer el decálogo que aparecerá en tres entregas a lo largo de junio... supongo. "El hombre hace planes y Dios se ríe"
1. Destierre el miedo de las empresas. Esos jefes que creen que el miedo es la mejor herramienta de management (¿creerán que management viene de dar con la mano?) provocan una empresa límbica. Empresas cuyas personas reaccionan desde el miedo y, por lo tanto, sólo atacan o huyen. Cuando existe un problema en este tipo de empresas el objetivo es... echar la culpa a otros. Cuando existe un problema en una empresa cortical el objetivo es... cómo vamos a solucionar este problema. Haga que su empresa utilice el neocortex y los resultados serán asombrosos.
2. Averigüe la dominancia cerebral de su empresa. Hay empresas formadas por personas de una sola dominancia cerebral (en un porcentaje muy alto). Son empresas de una sola perspectiva. Con unas visiones muy restringidas de la vida (y de sus clientes, claro). Da igual la dominancia, cuando es hegemónica siempre nos dará problemas.
3. Haga equipos heterogéneos. Es una consecuencia del punto anterior. Desde el Comité de Dirección al último equipo de su empresa debe procurar que los equipos gocen de las dos dominancias. Que sean capaces de tener varias perspectivas de un mismo tema. Eso aumenta los recursos de los equipos y el entendimiento entre las direcciones y departamentos. La ausencia de este entendimiento es una de las peores y más frecuentes enfermedades de nuestras organizaciones.
Seguimos otros día.
Besos y abrazos
Voy a hacer el decálogo que aparecerá en tres entregas a lo largo de junio... supongo. "El hombre hace planes y Dios se ríe"
1. Destierre el miedo de las empresas. Esos jefes que creen que el miedo es la mejor herramienta de management (¿creerán que management viene de dar con la mano?) provocan una empresa límbica. Empresas cuyas personas reaccionan desde el miedo y, por lo tanto, sólo atacan o huyen. Cuando existe un problema en este tipo de empresas el objetivo es... echar la culpa a otros. Cuando existe un problema en una empresa cortical el objetivo es... cómo vamos a solucionar este problema. Haga que su empresa utilice el neocortex y los resultados serán asombrosos.
2. Averigüe la dominancia cerebral de su empresa. Hay empresas formadas por personas de una sola dominancia cerebral (en un porcentaje muy alto). Son empresas de una sola perspectiva. Con unas visiones muy restringidas de la vida (y de sus clientes, claro). Da igual la dominancia, cuando es hegemónica siempre nos dará problemas.
3. Haga equipos heterogéneos. Es una consecuencia del punto anterior. Desde el Comité de Dirección al último equipo de su empresa debe procurar que los equipos gocen de las dos dominancias. Que sean capaces de tener varias perspectivas de un mismo tema. Eso aumenta los recursos de los equipos y el entendimiento entre las direcciones y departamentos. La ausencia de este entendimiento es una de las peores y más frecuentes enfermedades de nuestras organizaciones.
Seguimos otros día.
Besos y abrazos
Etiquetas:
dominancia cerebral,
EQUIPOS,
MIEDO
martes, 13 de mayo de 2008
MIEDO
Es el recurso de los jefes sin recursos: EL MIEDO. Recurren el miedo cuando no se les ocurre qué otra cosa hacer. Pasan del por favor al miedo en segundos. Maquiavelo decía que el poder era "mano de hierro en guante de terciopelo". Del terciopelo al golpe del hierro. No saben dialogar, pararse a pensar, ponerse en el lugar del colaborador, la máquina del café, charlar durante el viaje de negocios, negociar...
La reacción del mando que provoca miedo se hace desde la zona límbica. Es un impulso rápido, sin control, que obedece a una amenaza real o imaginaria. Los mandos que provocan miedo se vuelven paranoicos, lo que les hace aumentar la frecuencia del miedo. Broncas, insultos, golpes en la mesa, "repite esta mierda", desautorizaciones delante de los compañeros, clientes, superiores... todo vale siempre que robe la autoestima del agredido.
"Me mienten" me decía un mando muy agresivo durante una sesión de coaching. "No te mienten, sólo están practicando la supervivencia", le comenté. Muchos empleados creen que trabajan para su jefe y no para el cliente, porque aquel exige una obediencia ciega, digna de un tirano feudal.
Al final la empresa cae en la zona límbica. Todo el mundo ataca o huye. Nadie piensa en nada que no sea cómo salir indemne del próximo ataque.
Los jefes violentos se encuentran orgullosos, presumen de sus víctimas. Mientras tanto la cifra de ventas va descendiendo, pierden clientes que no toleran ese trato vejatorio...
Al final el jefe comete un error tremendo pero nadie puede avisarle sin correr el riesgo de ser la última de sus víctimas. ¿Quién puede querer semejante honor?
O la dirección cree que ha llegado demasiado lejos, demasiados tribunales y decide despedirle. Dando un mensaje de cómo quiere que se hagan las cosas.
O no, o asciende hasta llegar a uno de los peldaños más altos de la empresa y allí ejerce una especie de terror universal sobre toda la empresa...
Habrá que confiar en la salud.
La reacción del mando que provoca miedo se hace desde la zona límbica. Es un impulso rápido, sin control, que obedece a una amenaza real o imaginaria. Los mandos que provocan miedo se vuelven paranoicos, lo que les hace aumentar la frecuencia del miedo. Broncas, insultos, golpes en la mesa, "repite esta mierda", desautorizaciones delante de los compañeros, clientes, superiores... todo vale siempre que robe la autoestima del agredido.
"Me mienten" me decía un mando muy agresivo durante una sesión de coaching. "No te mienten, sólo están practicando la supervivencia", le comenté. Muchos empleados creen que trabajan para su jefe y no para el cliente, porque aquel exige una obediencia ciega, digna de un tirano feudal.
Al final la empresa cae en la zona límbica. Todo el mundo ataca o huye. Nadie piensa en nada que no sea cómo salir indemne del próximo ataque.
Los jefes violentos se encuentran orgullosos, presumen de sus víctimas. Mientras tanto la cifra de ventas va descendiendo, pierden clientes que no toleran ese trato vejatorio...
Al final el jefe comete un error tremendo pero nadie puede avisarle sin correr el riesgo de ser la última de sus víctimas. ¿Quién puede querer semejante honor?
O la dirección cree que ha llegado demasiado lejos, demasiados tribunales y decide despedirle. Dando un mensaje de cómo quiere que se hagan las cosas.
O no, o asciende hasta llegar a uno de los peldaños más altos de la empresa y allí ejerce una especie de terror universal sobre toda la empresa...
Habrá que confiar en la salud.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

