"Dr. Alzheimer, supongo" es el último libro de Duwe Draaisma, editado en Ariel. en él se hace un recorrido por los pioneros de las neurociencias. Médicos que se sintieron atraídos por una serie de síntomas de los que supieron encontrar un origen común y que hoy llevan su nombre. Draaisma es un erudito y un escritor delicioso. Transmite una sensibilidad que en este libro se hace más presente, más necesaria.
Siempre me ha llamado la atención que muchos médicos y filósofos señalaran de forma certera el origen de una enfermedad mental. (También soy consciente de muchos patinazos gloriosos).
En este libro vas a aprender muchas cosas y una de ellas es que para que un descubrimiento merezca la pena hacen falta varios factores: observación, curiosidad, pasión, humildad, seguridad... y tiempo. Todos los pioneros con una mezcla de estos elementos. En muchos casos no dedicados exclusivamente a un campo del saber. La especialización profundiza y empobrece.
Hace años vivimos un caso de unas fiebres perniciosas que empezaban a hacer estragos en la persona que las padecía. Los análisis modernos no detectaban nada pero la fiebre estaba ahí y la aparición de varios herpes, la pérdida de peso... amenazaban seriamente al paciente. Fue un médico mayor, en la tranquilidad de una consulta privada, arrumbada, y después de una conversación de una hora el que dio con la enfermedad, adelantó el diagnóstico, pidió las mismas pruebas pero con otros métodos y adelantó el tratamiento. Muchas gracias. Estoy convencido de que la pasión del médico por su profesión, la compasión por el paciente y el tiempo empleado fueron claves para superar esa mala etapa.
No puedo evitar el pensar en la gente que trabaja en empresas, cada vez menos empleados, hacer muchas cosas, con el miedo al despido... sin tiempo y sin pasión. Todo en clave de supervivencia. Y si estás parado o con baja actividad, estás tan desanimado que es difícil mantener pasión alguna.
Habrá que aprender del espíritu de los pioneros que sin ordenadores, ni teléfonos móviles tuvieron que encontrar su genialidad en otros sitios más cercanos, más tranquilos... ¿más humanos?
Besos y abrazos
jueves, 17 de mayo de 2012
jueves, 26 de abril de 2012
Está de moda la sincronicidad. Cosas que suceden a la vez en el tiempo y algunos le dan cierto significado y sentido. Lo siento yo apenas asumo la simultaneidad, no me pidáis que vaya más lejos.
Dando clase en la universidad, en una clase de setenta y cinco alumnos, me encuentro con que la mitad, más o menos, están haciendo dos cosas a la vez. Muchos chatean con el móvil, otros estudian libros de otras asignaturas, otros charlan entre ellos con animadas tertulias de bar, otros comprueban la veracidad del autor que les cuento... La otra mitad atiende (al menos me miran). A veces regaño a los despistados que me miran sorprendidos: "le estamos atendiendo, profesor". Y me miran con esa mirada de sorpresa y ofensa: es que el pobre no puede hacer dos cosas a la vez. Algunos me repiten mecánicamente lo que acabo de decir para dejar claro que "estoy más pasado que un chotis". Si les pregunto por el sentido de lo que acabo de decir no lo saben. Como dice el chiste: "ni lo sé, ni me importa". Insisto en que algo más de la mitad atienden.
Lo que me preocupa es que empiezo a ver que esa tendencia está apareciendo en la empresa. Hace unos días comencé unas sesiones de coaching con un joven ejecutivo con mucho potencial. Mientras charlábamos él respondía mensajes en su tablet. Después de pedirle atentamente que cerrara el dispositivo volvió a aparecer el gesto: "Tranquilo puedo hacer dos cosas a la vez... a pesar de ser hombre". Al rato comencé a hacerle algunas preguntas que para él no tenían sentido: cuántos correos recibes al día, cómo los almacenas, a qué información tienes acceso... En un momento determinado me dijo: "No entiendo tu pregunta". Y con mi gesto de adicto a los Starbucks de respondí: "Perdona, hablaba con tu tablet". Milagrosamente funcionó. Sonrió y apagó la tablet. Así que aproveché para firmar el convenio colectivo de nuestro coaching: Entre otras cosas, nada de dispositivos electrónicos externos al cuerpo encendidos.
Digan lo que digan sin la concentración necesaria el cerebro pierde memoria. No recuerda u olvida a toda velocidad. Mis alumnos "simultaneantes" me preguntas cosas que ya he contado o confunden el sentido de otras. Como diría Siegel: donde esté el mindfullness que se quite la radio (la frase es rigurosamente falsa).
En fin, reivindicar la alegría de la atención plena y el estar aquí y ahora.
Y tiene mérito porque mientras escribo esto estoy oyendo (que no escuchando) el último disco de Leonard Cohen.
Besos y abrazos.
Dando clase en la universidad, en una clase de setenta y cinco alumnos, me encuentro con que la mitad, más o menos, están haciendo dos cosas a la vez. Muchos chatean con el móvil, otros estudian libros de otras asignaturas, otros charlan entre ellos con animadas tertulias de bar, otros comprueban la veracidad del autor que les cuento... La otra mitad atiende (al menos me miran). A veces regaño a los despistados que me miran sorprendidos: "le estamos atendiendo, profesor". Y me miran con esa mirada de sorpresa y ofensa: es que el pobre no puede hacer dos cosas a la vez. Algunos me repiten mecánicamente lo que acabo de decir para dejar claro que "estoy más pasado que un chotis". Si les pregunto por el sentido de lo que acabo de decir no lo saben. Como dice el chiste: "ni lo sé, ni me importa". Insisto en que algo más de la mitad atienden.
Lo que me preocupa es que empiezo a ver que esa tendencia está apareciendo en la empresa. Hace unos días comencé unas sesiones de coaching con un joven ejecutivo con mucho potencial. Mientras charlábamos él respondía mensajes en su tablet. Después de pedirle atentamente que cerrara el dispositivo volvió a aparecer el gesto: "Tranquilo puedo hacer dos cosas a la vez... a pesar de ser hombre". Al rato comencé a hacerle algunas preguntas que para él no tenían sentido: cuántos correos recibes al día, cómo los almacenas, a qué información tienes acceso... En un momento determinado me dijo: "No entiendo tu pregunta". Y con mi gesto de adicto a los Starbucks de respondí: "Perdona, hablaba con tu tablet". Milagrosamente funcionó. Sonrió y apagó la tablet. Así que aproveché para firmar el convenio colectivo de nuestro coaching: Entre otras cosas, nada de dispositivos electrónicos externos al cuerpo encendidos.
Digan lo que digan sin la concentración necesaria el cerebro pierde memoria. No recuerda u olvida a toda velocidad. Mis alumnos "simultaneantes" me preguntas cosas que ya he contado o confunden el sentido de otras. Como diría Siegel: donde esté el mindfullness que se quite la radio (la frase es rigurosamente falsa).
En fin, reivindicar la alegría de la atención plena y el estar aquí y ahora.
Y tiene mérito porque mientras escribo esto estoy oyendo (que no escuchando) el último disco de Leonard Cohen.
Besos y abrazos.
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lunes, 26 de marzo de 2012
CONVERGENCIAS CIENTÍFICAS
(Disculpar, por favor, esta parada de dos meses impuesta por razones laborales. Estoy haciendo una sustitución en la universidad y está siendo muy interesante pero los comienzos suelen ser duros. Gracias).
Estoy observando cierto interés por la filosofía en muchos autores. De lo que me alegro mucho. Algunos profesores de universidad que hasta hace pocos años se enfadaban al comentar ciertos temas, ahora se lanzan a hablar de temas como el amor, las emociones, los sentimientos... Ya que celebramos el aniversario de La Pepa no puedo evitar recordar la frase de Fernando VII: "Caminemos por la senda constitucional y yo el primero".
Pero bienvenida sea esta convergencia en la filosofía que parece un camino amplio a la hora de reflexionar e investigar sobre cualquier tema. Aunque pueda parecer extraño a mí la filosofía siempre me ha parecido una ciencia. Buscar la verdad sin recurrir a explicaciones mágicas, me parece una actitud que produce ciencia. Muy recomendables los libros sobre historia de la filosofía de Michael Onfray.
Creo que es importante tener una buena base filosófica para estudiar cualquier tema incluida la neurocultura. Nos evitar inventarla pólvora o caer en razonamientos totalitarios.
(Cuando estudiamos temas de liderazgo insisto, supongo que con poco éxito, en que los participantes lean, a "Pequeño Tratado de Grandes Virtudes de Auguste Comte - Spponville, editorial Paidós, un filósofo imprescindible).
Así que está bien que las disciplinas científicas se muevan por los solapamientos que arrojan perspectivas interesantes sobre cualquier tema. Creo que es un placer disfrutar de las aportaciones de otras disciplinas. Por disfrutar entiendo que entenderlas e incorporar sus aportaciones a nuestro punto de vista en la búsqueda de la explicación racional de lo que sucede. Incorporar desde el respeto y el conocimiento. Es decir citando las fuentes. Algo que en los libros de divulgación comienza a ser una buena práctica pero escasa. Me pone malo ver autores de tres al cuarto que no aportan nada original, ni si quiera la mezcla, pero que no citan sus fuentes como si el mundo no existiera antes que ellos.
Una buena base filosófica nos permite un conocimiento en profundidad de aquello que queremos estudiar, incluido el cerebro.
(Acaba de publicar en castellano V S Ramachandran. "Lo que el Cerebro nos Dice". Editorial Paidós. Siempre es una alegría leer a este sabio y sus reflexiones e investigaciones).
Besos y abrazos.
Estoy observando cierto interés por la filosofía en muchos autores. De lo que me alegro mucho. Algunos profesores de universidad que hasta hace pocos años se enfadaban al comentar ciertos temas, ahora se lanzan a hablar de temas como el amor, las emociones, los sentimientos... Ya que celebramos el aniversario de La Pepa no puedo evitar recordar la frase de Fernando VII: "Caminemos por la senda constitucional y yo el primero".
Pero bienvenida sea esta convergencia en la filosofía que parece un camino amplio a la hora de reflexionar e investigar sobre cualquier tema. Aunque pueda parecer extraño a mí la filosofía siempre me ha parecido una ciencia. Buscar la verdad sin recurrir a explicaciones mágicas, me parece una actitud que produce ciencia. Muy recomendables los libros sobre historia de la filosofía de Michael Onfray.
Creo que es importante tener una buena base filosófica para estudiar cualquier tema incluida la neurocultura. Nos evitar inventarla pólvora o caer en razonamientos totalitarios.
(Cuando estudiamos temas de liderazgo insisto, supongo que con poco éxito, en que los participantes lean, a "Pequeño Tratado de Grandes Virtudes de Auguste Comte - Spponville, editorial Paidós, un filósofo imprescindible).
Así que está bien que las disciplinas científicas se muevan por los solapamientos que arrojan perspectivas interesantes sobre cualquier tema. Creo que es un placer disfrutar de las aportaciones de otras disciplinas. Por disfrutar entiendo que entenderlas e incorporar sus aportaciones a nuestro punto de vista en la búsqueda de la explicación racional de lo que sucede. Incorporar desde el respeto y el conocimiento. Es decir citando las fuentes. Algo que en los libros de divulgación comienza a ser una buena práctica pero escasa. Me pone malo ver autores de tres al cuarto que no aportan nada original, ni si quiera la mezcla, pero que no citan sus fuentes como si el mundo no existiera antes que ellos.
Una buena base filosófica nos permite un conocimiento en profundidad de aquello que queremos estudiar, incluido el cerebro.
(Acaba de publicar en castellano V S Ramachandran. "Lo que el Cerebro nos Dice". Editorial Paidós. Siempre es una alegría leer a este sabio y sus reflexiones e investigaciones).
Besos y abrazos.
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domingo, 29 de enero de 2012
ASESINOS EN SERIE Y EN LA EMPRESA
Impresionante el artículo de Luis Miguel Ariza en El País Semanal: "En la mente criminal". Trata de los estudios de James Fallon, un encantador neuroanatomista que estudió las imágenes de las mentes de diversos criminales entre las que encontró similitudes. Lo interesante comienza cuando al comparar los resultados con su propio escáner se desvela que él comparte la mayoría de esos elementos. En su familia había antecedentes que cometieron crímenes. En fin leer el artículo que es bastante perturbador y disfrutar de las reflexiones.
El autor de los estudios no ha matado a nadie y le definen como "simpático, extravertido...". Es posible que muchos compartamos con los criminales en serie algunas características cerebrales como una mayor actividad en las amígdalas sin venir a cuento.Algunos sujetos en las empresas te hacen recordar la expresión "crueldad innecesaria". Como recuerda Iñaki Piñuel en su libro "Mi jefe es un Psicópata" una de las características de los psicópatas es que los demás los perciben como personas normales y encantadoras. No es fácil identificarlos.
Seguro que muchos mandos comparten características cerebralmente significativas con los asesinos en serie. Y las empresas son sitios ideales para que la caza del "rival más débil".
Como decían en "Canción Triste de Hill Street": "Tener cuidado ahí fuera".
Besos y abrazos
El autor de los estudios no ha matado a nadie y le definen como "simpático, extravertido...". Es posible que muchos compartamos con los criminales en serie algunas características cerebrales como una mayor actividad en las amígdalas sin venir a cuento.Algunos sujetos en las empresas te hacen recordar la expresión "crueldad innecesaria". Como recuerda Iñaki Piñuel en su libro "Mi jefe es un Psicópata" una de las características de los psicópatas es que los demás los perciben como personas normales y encantadoras. No es fácil identificarlos.
Seguro que muchos mandos comparten características cerebralmente significativas con los asesinos en serie. Y las empresas son sitios ideales para que la caza del "rival más débil".
Como decían en "Canción Triste de Hill Street": "Tener cuidado ahí fuera".
Besos y abrazos
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domingo, 1 de enero de 2012
ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN
Comienza el año así que Feliz Año Nuevo. Pasado el ecuador de las fiestas solo desearos que las hayáis vivido según vuestras intenciones.
Solo unas palabras para animaros a leer la auto biografía de Rita Levi - Montalcini. Premio Nobel de madicina por sus estudios del factor de crecimiento de los nervios. Tiene ciento un años y sigue activa. Que envidia, su lucidez, sobre todo. Su libro se llama "Elogio de la Imperfección", música celestial para todo un hemisferio derecho como yo. Está publicada por Tusquets.
No esperéis grandes revelaciones, ni cotilleos porque esta dama se mantiene alejada de esas vulgaridades.
es una biografía deliciosa. Es posible que exagere pero creo que tiene un aire de familia al escribir con Rebeca West o Edith Warthon... una gozada para leer con tranquilidad.
Tampoco creáis que un librito insulso. Describe con pasión sus descubrimientos y algunos párrafos he tenido que leerlos varias veces para enterarme de sus investigaciones, cosas de aficionados.
Muy recomendable para empezar el año 2012 disfrutando.
Besos y abrazos
Solo unas palabras para animaros a leer la auto biografía de Rita Levi - Montalcini. Premio Nobel de madicina por sus estudios del factor de crecimiento de los nervios. Tiene ciento un años y sigue activa. Que envidia, su lucidez, sobre todo. Su libro se llama "Elogio de la Imperfección", música celestial para todo un hemisferio derecho como yo. Está publicada por Tusquets.
No esperéis grandes revelaciones, ni cotilleos porque esta dama se mantiene alejada de esas vulgaridades.
es una biografía deliciosa. Es posible que exagere pero creo que tiene un aire de familia al escribir con Rebeca West o Edith Warthon... una gozada para leer con tranquilidad.
Tampoco creáis que un librito insulso. Describe con pasión sus descubrimientos y algunos párrafos he tenido que leerlos varias veces para enterarme de sus investigaciones, cosas de aficionados.
Muy recomendable para empezar el año 2012 disfrutando.
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martes, 6 de diciembre de 2011
CEREBRO Y FOCUSING
Dedicado a Josep y Mentxu.
Llevo unos meses interesado por el focusing. Una técnica de autoconocimiento que desarrolló Gendlin. Consiste en buscar y trabajar con una sensación sentida, una información de cómo te encuentras con un tema que no te proporciona tu cerebro si no tu cuerpo(disculpar, ya se que es una definición para andar por casa). Estoy encantado con una técnica que me permite hablar de sentimientos, algo que en mi trabajo es prácticamente imposible. Así que estoy aprendiendo sobre mi cuerpo, mis sentimientos y, de rebote, de otros. Estoy encantado con el ambiente que se respira en las sesiones de trabajo.
Hay un tema que me llama mucho la atención. Se habla mal del cerebro con bastante frecuencia. Parece el gran enemigo. El racionalizador que manda callar al cuerpo, la grabadora de la que proceden los mensajes destructivos que recogemos y luego nos repetimos... hasta dejar la autoestima hecha fosfatina.
Solo señalar algunas puntualizaciones:
- el cerebro, aunque se olvide, forma parte del cuerpo. Recibe toda la información del exterior y del cuerpo a través de este último
- el focusing, como toda teoría, es hija de su tiempo. Desarrollada en los cincuenta y sesenta, la información que hoy poseemos del cerebro es mucho mayor
- la sensación sentida se transmite a través de las redes neuronales y llega al cerebro,
- existe un cerebro emocional que trabaja con el racional. Cuando las "ideas" llegan al neocortex lo hacen empapadas de emoción. No existen las ideas racionales puras.
Me gustan los postulados del focusing. Me parecen sensatos y útiles. Nos dan acceso a un mundo interior muy rico y sorprendente. No es necesario denostar al cerebro. Este puede colaborar siempre que le enseñemos a esperar. No quedarnos con las primeras ideas y sensaciones al hacer focusing. Pero no es fácil decir al cerebro espera y busca... aunque no encuentres o lo que encuentres te sorprenda.
Besos y abrazos.
Llevo unos meses interesado por el focusing. Una técnica de autoconocimiento que desarrolló Gendlin. Consiste en buscar y trabajar con una sensación sentida, una información de cómo te encuentras con un tema que no te proporciona tu cerebro si no tu cuerpo(disculpar, ya se que es una definición para andar por casa). Estoy encantado con una técnica que me permite hablar de sentimientos, algo que en mi trabajo es prácticamente imposible. Así que estoy aprendiendo sobre mi cuerpo, mis sentimientos y, de rebote, de otros. Estoy encantado con el ambiente que se respira en las sesiones de trabajo.
Hay un tema que me llama mucho la atención. Se habla mal del cerebro con bastante frecuencia. Parece el gran enemigo. El racionalizador que manda callar al cuerpo, la grabadora de la que proceden los mensajes destructivos que recogemos y luego nos repetimos... hasta dejar la autoestima hecha fosfatina.
Solo señalar algunas puntualizaciones:
- el cerebro, aunque se olvide, forma parte del cuerpo. Recibe toda la información del exterior y del cuerpo a través de este último
- el focusing, como toda teoría, es hija de su tiempo. Desarrollada en los cincuenta y sesenta, la información que hoy poseemos del cerebro es mucho mayor
- la sensación sentida se transmite a través de las redes neuronales y llega al cerebro,
- existe un cerebro emocional que trabaja con el racional. Cuando las "ideas" llegan al neocortex lo hacen empapadas de emoción. No existen las ideas racionales puras.
Me gustan los postulados del focusing. Me parecen sensatos y útiles. Nos dan acceso a un mundo interior muy rico y sorprendente. No es necesario denostar al cerebro. Este puede colaborar siempre que le enseñemos a esperar. No quedarnos con las primeras ideas y sensaciones al hacer focusing. Pero no es fácil decir al cerebro espera y busca... aunque no encuentres o lo que encuentres te sorprenda.
Besos y abrazos.
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domingo, 20 de noviembre de 2011
GRACIAS, DOCTOR SACKS
Una pianista que poco a poco pierde la capacidad de leer solfeo. Una galerista, creo recordar, que deja de hablar y sustituye el lenguaje hablado por signos y un libro con palabras grandes y separadas. Un escritor que deja de leer y que tiene grandes dificultades para escribir, que se recupera, en parte, a través de los movimientos de su lengua. Un psiquiatra famoso incapaz de reconocer caras... Toda una galería de personas que desfilan a través de las páginas del nuevo libro del profesor Oliver Sacks, "Los Ojos de la Mente", editorial Anagrama.
Con toda su humanidad y perspicacia este autor ha hecho de las historias clínicas un arte del relato. Nos descubre la complejidad del cerebro, sin desdeñar la información de las máquinas lectoras del cerebro, apoyándose en las conversaciones, sin diván. Nos parece acabar conociendo a sus pacientes. Incluso podemos reconocer algunos de sus rasgos neurológicos en nosotros mismos. (Poco recomendable si el libro que estás leyendo es "Un Antropólogo en Marte").
No he terminado el libro pero quería compartirlo con vosotros. Lo leo despacio, nada de prisas. Como recordaba Eduardo Mendoza en su última novela, mientras se ponía zarzuelero: "Los caminos que van a la gloria, son para andarlos con parsimonia".
Si os animáis a leerlo que disfrutéis de este buen hombre que nos regala su sencillez y sabiduría en cada libro suyo.
Besos y abrazos.
Con toda su humanidad y perspicacia este autor ha hecho de las historias clínicas un arte del relato. Nos descubre la complejidad del cerebro, sin desdeñar la información de las máquinas lectoras del cerebro, apoyándose en las conversaciones, sin diván. Nos parece acabar conociendo a sus pacientes. Incluso podemos reconocer algunos de sus rasgos neurológicos en nosotros mismos. (Poco recomendable si el libro que estás leyendo es "Un Antropólogo en Marte").
No he terminado el libro pero quería compartirlo con vosotros. Lo leo despacio, nada de prisas. Como recordaba Eduardo Mendoza en su última novela, mientras se ponía zarzuelero: "Los caminos que van a la gloria, son para andarlos con parsimonia".
Si os animáis a leerlo que disfrutéis de este buen hombre que nos regala su sencillez y sabiduría en cada libro suyo.
Besos y abrazos.
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